Más allá de lo micro: apoyo al crecimiento de las empresas de mujeres

Publicado por: Lauren Murphy – 30 de Septiembre de 2011, 4:48 pmEsta es la segunda entrada de una serie previa al XIV Foro Interamericano de la Microempresa (Foromic), del 10 al 12 de octubre en San José, Costa Rica. El FOMIN y CGAP ofrecen esta serie de posteos conjuntos y bilingües sobre temas candentes en microfinanzas e inclusión financiera en América Latina y el Caribe. La serie, llamada “Extrayendo Soluciones”, toca temas de sobreendeudamiento, mujeres empresarias, finanzas rurales y tecnología. You will find the posts in English on CGAP´s blog. Encuentre aquí la versión en inglés de este post.

El perfil de una empresaria de América Latina y el Caribe es tan diverso como son  los múltiples factores a partir de los cuales depende su éxito. Sin embargo, la gran mayoría de las mujeres son microempresarias informales nacidas por la necesidad, ubicadas en los sectores de servicios con bajos márgenes. Mientras que las tasas del emprendimiento de las mujeres se han disparado en la última década en la región, por una serie de razones las tasas de crecimiento empresarial han sido significativamente inferiores a las mostradas por los hombres. Entre esos factores se encuentran un menor acceso a la financiación, una menor educación empresarial o falta de experiencia laboral, además de su confinamiento en sectores de crecimiento más lento, añadido a la carga que supone el cuidado de los niños y las responsabilidades de gestión doméstica. A pesar de estos obstáculos para el crecimiento, las mujeres latinoamericanas son una fuerza importante para impulsar la reducción de la pobreza y el crecimiento económico como empleadas y creadoras de nuevos puestos de trabajo que tienen además un impacto positivo en la competitividad, la productividad y el potencial de crecimiento de un país. Diversos estudios han demostrado que el emprendimiento de las mujeres —sobre todo cuando se concentran en actividades con alto valor agregado— es fundamental para impulsar el progreso social y económico de los países en desarrollo. En efecto, las mujeres están más dispuestas a utilizar sus ingresos a favor de la educación, la salud y el bienestar de sus familias y sus comunidades. Mientras que las mujeres micro-empresarias padecen en general menores beneficios y mayores tasas de fracaso que los hombres, los estudios en la región de América Latina muestran que las medianas y grandes empresas propiedad de mujeres son tan rentables como los negocios de propiedad masculina del mismo tamaño. Sin embargo, una reciente investigación de IFC/ McKinsey que se presentará en la reunión 2011 del G-20en Cannes el mes de noviembre, indica que al nivel mundial, en promedio, las mujeres son propietarias del 60% de las microempresas, el 25% poseen pequeñas empresas y el 8% es dueña de empresas medianas propias, y las estadísticas son parecidos para América Latina y el Caribe. La ausencia destacada de las mujeres en los PyMEs plantea dos cuestiones centrales:

¿Cómo pueden las mujeres desarrollar empresas más grandes en los sectores más rentables de América Latina y el Caribe?

¿Cuáles son las necesidades específicas de las mujeres si se proponen transitar de las microfinanzas hacia préstamos destinados a las pequeñas empresas?

Desde la década de 1990 las microfinanzas han sido anunciadas por algunos como el “proyectil mágico para lograr el empoderamiento de las mujeres”. Pero el hecho de que las mujeres constituyan la mayoría de los clientes en la industria de las microfinanzas, no significa sin embargo que se hayan atendido las dimensiones sociales y de género para lograr el crecimiento de los negocios de las mujeres. Por el contrario, los microcréditos a las mujeres no están generalmente orientados hacia el crecimiento de sus negocios o a propiciar una inversión empresarial a largo plazo, y las mujeres micro-empresarias tienden a evitar mayores préstamos individuales o empresariales en muchos programas de microfinanzas en la región, a pesar del excelente récord de pago de las mujeres. En cambio, los pequeños y micro-préstamos a corto plazo han sido ampliamente utilizados para suavizar el consumo, aunque sin duda han llenado un importante vacío que ha mejorado la situación social y el bienestar de los prestatarios y sus familias en todo el mundo.

La sobrerrepresentación de las mujeres a nivel micro nos lleva a cuestionar si las mujeres necesitan una mayor variedad de (o simplemente el acceso mejorado a) instrumentos financieros y aportes de capital humano para ayudarles a hacer crecer sus negocios y por qué es tan importante si las mujeres empresarias nunca crecen hasta alcanzar el nivel de las PyMEs. Estudios como el de “Oportunidades económicas de las mujeres en el sector privado formal en América Latina y el Caribe” sostienen que las microempresas pueden ser importantes en el corto plazo desde el punto de vista del empoderamiento económico y la suavización del consumo, pero a menos que se impulse su progresión natural hacia el éxito y el crecimiento, su relación con el crecimiento macroeconómico sigue siendo débil. Para determinar dónde las inversiones concretas y orientadas tendrán un mayor impacto en el crecimiento empresarial de las mujeres es importante echar un vistazo a los obstáculos financieros y no financieros que limitan a las empresarias. Al mirar al crédito, los datos muestran que las empresarias tienden a solicitar, acceder y usar el crédito de una manera muy diferente a los clientes masculinos. Las mujeres tienden a utilizar el crédito con menos frecuencia, tienen préstamos de menor cuantía, y se basan con más frecuencia en fuentes informales de crédito. También, las mujeres empresarias destacan la abundancia relativa de microcréditos para las mujeres, en comparación con la falta de crédito o a una escala y a un tipo de interés adecuados para las PyMEs. Este hallazgo pone en duda si el problema principal es la disponibilidad de productos de crédito adecuado para lograr la transición de las micro hacia las PyMEs o si son  preocupaciones específicas de género. Por otra parte, las necesidades de las mujeres van más allá del crédito y se orientan a un conjunto diverso de productos y servicios financieros durante el ciclo de vida de sus negocios, incluyendo los instrumentos de ahorro, transferencias de remesas, seguros de crédito y productos de renta variable. Además de las barreras financieras, tanto las empresas conducidas por hombres y mujeres enfrentan obstáculos no financieros para el crecimiento de sus negocios, pero existen muchos que afectan desproporcionadamente a las empresarias. Por ejemplo, las mujeres suelen tener un menor capital humano (educación, habilidades y experiencia laboral), un incremento de las restricciones contextuales (tiempo, capacidad de negociación, movilidad), y menos o ausencia total de derechos de propiedad, activos, o colaterales. Sin embargo, a pesar de existir todavía diferencias en las barreras financieras por razón de sexo, todavía encontramos que las diferencias entre las empresas de hombres y mujeres son más significativas debidas a la formalidad, al sector y al tamaño que por el género.

No podemos determinar en qué medida las diferencias de género en términos de restricciones explican por qué es más probable que las mujeres operen pequeñas empresas y se concentren en el ámbito de la microempresa.

En el futuro, será necesario entender las barreras que enfrentan las empresas de las mujeres y crear un clima propicio que conduzca al incremento de la participación de las mujeres en empresas más grandes ubicadas en los sectores más rentables, para que los países de la región aprovechen aún más el poder económico de las mujeres. Aquí está una lista de algunos asuntos que he identificado. ¿Qué más falta?

1) Identificar y abordar las limitaciones específicas que afrontan las mujeres en el acceso a servicios financieros formales, incluyendo ahorros, crédito, seguros, y servicios de transferencia de dinero, ofreciendo un mayor acceso a los instrumentos financieros;

2) Ofrecer adiestramiento en habilidades empresariales y servicios de asesoramiento, así como mejorar la educación financiera y capacitación en gestión;

3) Facilitar la creación de redes e intercambio de información entre las mujeres empresarias; y

4) Participación de la mujer en juntas consultivas y otros foros para contribuir a la formulación y revisión de políticas y programas desarrollados por las instituciones financieras.

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