Obituario – Lidia Gueiler, un paréntesis democrático en Bolivia

VERÓNICA CALDERÓN Madrid 09/05/2011 Durante un breve y convulso periodo de ocho meses, flanqueado por sangrientos golpes de Estado, Lidia Gueiler Tejada (Cochabamba, 1921) se convirtió en noviembre de 1979 en presidenta interina de Bolivia y, así, en la segunda mujer en asumir la jefatura de Estado en Latinoamérica después de la argentina María Estela Martínez de Perón. Tras ser derrocada en septiembre de 1980, Gueiler abandonó el país y estuvo exiliada primero en Lima y más tarde en París durante más de dos años. Regresó a Bolivia en 1983.

Retirada de la vida política, murió el lunes en La Paz. Tenía 89 años. Política progresista, Gueiler luchó en la revolución de 1952 que permitió la nacionalización de las minas, la reforma agraria y el sufragio universal en Bolivia. Fue la primera mujer boliviana en ocupar la secretaría general de un partido político (el Frente Revolucionario de Izquierda), la presidencia de la Cámara de Diputados, la presidencia del Congreso y la presidencia de la República. “En mi vida política siempre he actuado como un hombre”, contaba en una entrevista publicada en El País Semanal en diciembre de 1980, recién exiliada en París.

Gueiler llegó a la presidencia de Bolivia en un periodo particularmente convulso. El 1 de noviembre de 1979, un golpe de Estado liderado por el general Alberto Natusch desencadenó sangrientos enfrentamientos entre militares y obreros. Pese a la represión desatada (más de 100 personas fueron asesinadas en un solo día en lo que se recuerda como la Masacre de Todos Los Santos), la presión popular consiguió que Natusch devolviera el poder. El Congreso boliviano nombró presidenta interina a Gueiler el 16 de noviembre de ese año.

La nueva mandataria tenía 58 años y era madre de una hija, abuela de dos nietos y había estado casada tres veces. Su misión: convocar elecciones generales el 29 de junio y entregar el poder al ganador el 6 de agosto de 1980. No llegó a la meta. Los militares asestaron un nuevo golpe militar el 17 de julio de ese año. Le faltaron 18 días. “Lo único que tenía en la mente era aquel día que entregaría el poder y quedaría consolidada la democracia. Estaba obsesionada, miraba el calendario todos los días”, recordaba en la entrevista de El País Semanal.

En los meses que ocupó el cargo, Gueiler escapó a un rocambolesco intento de asesinato protagonizado por un coronel borracho que ejercía como su jefe de seguridad. Gueiler amenazó con suicidarse con una cápsula de cianuro si las Fuerzas Armadas de su país impedían las elecciones de junio. Sus opositores la criticaban por ir a la peluquería o por la afirmación (falsa) de que usaba pestañas postizas. “Un hombre no tiene este problema”, aseguraba. Tras volver del exilio, Gueiler fue nombrada embajadora en Colombia, recibió una veintena de condecoraciones, lideró numerosas organizaciones feministas y publicó dos libros. El Gobierno de Evo Morales ha declarado un mes de luto por su muerte.

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